Juan Sauce Otro blog en Desafíos Literarios

13 julio, 2016

Plutón, el incomprendido

Filed under: Relatos — Etiquetas: , , — Juan Sauce @ 4:59 am

plutón

 

Los chicos de hoy son muy listos. Es difícil sorprenderlos con un chiste o una adivinanza porque parece que todo lo saben. Supongo que son las consecuencias de una generación que parece haber nacido con un teclado de ordenador bajo el brazo.
Por eso creo que quise hacerme el listillo cuando estaba en el parque con mi sobrino, que cursa cuarto de primaria, al explicarle un juego de palabras que decíamos nosotros, de niños, en el colegio:
– ¿Sabes cuántos son los días de la semana?
– Siete –me contestó indiferente mientras se lanzaba de cabeza por la rampa del tobogán.
– Correcto. Son: lunes, martes, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón. Y los planetas son nueve –me apresuré a decir-: Mercurio, Venus, Tierra, Marte, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo.
El niño me miro con aire de autosuficiencia y me respondió al tiempo que trepaba al columpio para hacer cuatro piruetas de pie sobre él.
– Los planetas son ocho. ¿Y quién es Plutón?
Se me había olvidado. A alguien más listo que yo se le había ocurrido quitar a Plutón de la lista de nuestro exclusivo Sistema Solar, allá por principios de siglo. No daba la talla, creo que decían. Y es curioso que esta intrascendente conversación me transportara mentalmente a los tiempos en que yo correteaba por los patios del colegio, persiguiendo una pelota de fútbol con un bocata en la mano. Sonaba el timbre del final del recreo y todos nos poníamos en fila, preparados para entrar en clase. Enfrentábamos un nuevo curso. Rostros conocidos y desconocidos se colocaban en orden nerviosos, dejando en evidencia quiénes eran los más altos y los más bajitos. Y es curioso porque recuerdo perfectamente que, en esa imagen de todos los alumnos alineados, él estaba allí. El último de la fila. Mirada triste, atuendo extraño y rostro taciturno.
Entre risas, gritos y cambios de un pupitre a otro, a la profesora le costó poner un adecuado orden. Después procedió a pasar lista anunciando nuestros nombres en voz alta. No sé si alguien se percató cuando mencionaron su nombre. Pienso que nadie estaba atento más que para responder como un resorte cuando escucharan el suyo propio. Tuve que esforzarme para poder recordar algo más sobre ese chico. No es que me esté haciendo viejo y empiece a perder la memoria. Es que recién me estoy dando cuenta de quién era él.
Era Plutón, el ignorado. Nadie se fijó en él en ese día; y nadie se dio cuenta de su presencia hasta bien entrado el inicio de las clases. Él siempre estuvo allí, por supuesto, pero no lo percibimos. Nuestros telescopios estaban enfocados en Júpiter o Saturno, que eran los más grandes, los más fascinantes. O nos relacionábamos con los que teníamos cerca y ya conocíamos, como Venus o Marte. A él simplemente no lo veíamos. No importaba que diera vueltas como todos los demás. Pasaba inadvertido, invisible a nuestros ojos.
Era Plutón, el insultado. Cuando por fin lo descubrimos, buscamos un mote con el cual llamarle. No le preguntamos su nombre, aquel que nadie recordaba salvo la profesora. Y no se nos ocurrió otra cosa que llamarle como al señor del Inframundo, ese dios de los infiernos rescatado de la mitología romana. No sé qué fue lo que nos inspiró tal apodo; tal vez su apariencia lúgubre, su porte sombrío. O tan sólo lo hicimos para reírnos con la crueldad que caracteriza a un adolescente con las hormonas alteradas. La cuestión es que con ese calificativo se quedó y ya nadie le conocía de otra manera.
Era Plutón, el marginado. Se sentaba el último de la clase, al fondo de todo. Allí, donde todos le dábamos la espalda. Alejado del calor del maestro Sol, a quien nosotros llamábamos la atención con nuestras preguntas o nuestro comportamiento. Y alejado también de sus rayos de luz, que él no podía absorber con tanta facilidad, debido seguramente a su incapacidad natural. Arrinconado en la oscuridad y el frío, tan sólo se le veía de vez en cuando rodeado de satélites que nos parecían tan sombríos como él.
Era Plutón, el incomprendido. Nunca entendimos por qué no podía ser como nosotros. Siempre orbitando a su manera, distinto a todos, sin seguir la pauta de los demás. No se adaptaba a nuestros parámetros. Para nosotros era importante seguir una norma que considerábamos básica: tener una órbita circular, como un planeta normal. Todo lo diferente a eso era digno de ser señalado y criticado.
Era Plutón, el cuestionado. Además de su anómalo comportamiento, nos importaba también su tamaño, realmente pequeño como para triunfar. Lo llamábamos planetoide. Poseía, además, una ínfima capacidad de atracción. Por eso nos planteamos si debía seguir con nosotros, pues corríamos el riesgo de poner en peligro nuestra reputación como respetable sistema planetario dentro del competitivo mundo que es la Vía Láctea.
Y, finalmente, fue Plutón, el desechado. Arrancado de la lista, dejado fuera del grupo, ignorado y olvidado por la siguiente generación. Convertido en un extraño objeto flotante, un simple número en la galaxia. Compañero de otros vagabundos espaciales que, como él, intentan imitar los trazos de un planeta sin que ningún astrónomo realmente serio llegue a plantearse si quiera esa posibilidad.
Me pregunto qué será de él. Quizá lo calificamos mal. Posiblemente nos equivocamos al no darle una oportunidad. Al no ser suficientemente empáticos…
No pretendo con mis pensamientos parecer que estoy lanzando un grito a la comunidad científica por el hecho de establecer una determinada clasificación de un trozo de tierra que flota por el espacio, lo cual viene a importarme muy poco. Mis reflexiones tan solo llevan a preguntarme a cuántos hemos dejado atrás, no solo en la adolescencia; posiblemente también en la edad adulta. A cuántos hemos descalificado por su temperamento, su capacidad, su aspecto físico o su extravagancia… o simplemente por no parecerse a lo que la sociedad ha considerado que debe ser un verdadero planeta. Quiero decir, una persona…

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