Juan Sauce Otro blog en Desafíos Literarios

18 septiembre, 2016

Las vacaciones, Por Mati

Filed under: Compañeros de letras — Juan Sauce @ 8:24 pm

Deseo comenzar una nueva sección en la que presentar relatos de otros autores, compañeros de letras, que también escriben en desafiosliterarios.com y de los cuales he aprendido y aprendo mucho. Mi intención es presentar una historia de diferente autor de tanto en tanto.

Y para empezar, quiero hacerlo con la persona que me ha metido en este lío: Mati, una mujer valiente, un alma solidaria y un corazón maravilloso como comrobaréis si leéis sus escritos. Hacedlo, vale la pena. Clickeando en su nombre podréis leer más relatos suyos. Sin más preámbulos, Las vacaciones, de Mati Sanchis.

 

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Las vacaciones

Quería pasar las vacaciones de mi vida, las más grandiosas y estupendas, de esas con las que luego pudiera disfrutar a tope contándoselas a mis amigotes y alardear de mis hazañas. Anhelaba viajar a un lugar exótico y ligar con los pivones más exuberantes del país, tener noches  apasionadas, ardientes, y fanfarronear con mis colegas de todas mis conquistas de playboy irresistible. Siempre tuve curiosidad por experimentar un turismo diferente con ingredientes solo aptos para adultos. No recuerdo de quien recibí la información sobre estos viajes y esas experiencias únicas que quizá solo se ofrezcan una vez en la vida. Pero esa idea se coló en mi mente con una fuerza brutal y empecé a obsesionarme con ella. Pasaba las noches en vela imaginando como sería el momento. Subir al avión, sonreír a las azafatas, beber durante el vuelo como antesala de lo porvenir, coger el taxi que me llevara al lujoso hotel, flirtear con las recepcionistas… un sinfín de imágenes llenaban mi mente y me robaban el descanso nocturno. Llegué a soñar despierto con cada detalle, desde el sabor de la comida del restaurante del aeropuerto, hasta el olor del cabello de mi deseada o el color de sus ojos y la suavidad de su piel. Mi mente se enajenó con el deseo de encontrar a la mejor profesional que me hiciera el tío más feliz de la tierra.  La sorpresa llegó en mi cumpleaños cuando al final del día, en el momento en el que pensé que nadie se había acordado de mí, justo a punto de expirar la jornada, aparecieron mis compañeros de correrías, y junto con una botella de cava, abierta, y faltando la mitad del contenido, me hicieron entrega de mi regalo. Era un sobre cuidadosamente cerrado y recubierto de felicitaciones de mis colegas. Mis amigos, que son algo sueltos de lengua y unos burros de mucho “cuidao”, lo habían llenado de inscripciones que no voy a repetir porque parecían los escritos de la puerta de un váter de gasolinera. No tenía muchas expectativas en cuanto al contenido del sobre, y más conociendo a aquella pandilla de descerebrados que llevaban unas copas de más, pero me hice el interesante abriéndolo con pompa y parsimonia. Aluciné pepinillos al descubrir lo que encerraba aquella carta cubierta de vulgaridades y dibujos groseros. Era el boleto para el viaje de mis sueños, ese que os contaba de turismo sexual, y un subidón de adrenalina me hizo abrazar a la peña, cosa que nunca hacía porque el contacto con otros tíos no es mi preferencia. Conseguí disimular una lagrimilla que amenazaba con escaparse y salvé el tipo de tío duro. El viaje estaba programado para la siguiente semana, cosa que me daba tiempo de hacer los preparativos necesarios. Después de comprar lo preciso, de dejar instrucciones para que me cuidaran el perro y recogieran mi correo, me dirigí a mi destino: Tailandia.

Mi llegada a Bangkok estuvo marcada por los contrastes y el desconcierto. Allí convivía el lujo obsceno con la miseria encarnizada. Yo no quería apartarme de mi propósito y cerraba mis ojos a muchas aberraciones que comencé a ver. Con la fijación de mis objetivos muy claros, fui a la caza de mi princesita de la calle. Sin darme demasiada cuenta mis emociones estaban cambiando, mi gran excitación de depredador se estaba mermando sin saber demasiado a qué se debía, o quizá si sabía. La visión de niñas semi desnudas, disfrazadas de mujeres adultas, burdamente maquilladas para parecer más mayores y atractivas no me resultó atrayente. Caminé buscando a la elegida, mirando el espectáculo de caritas suplicantes, que no descifraba bien qué suplicaban. Hasta que la encontré a ella, no era la más bonita, ni la más alta ni llamativa, pero para mis ojos fue la más tierna y vulnerable. Un extraño estremecimiento recorrió mi cuerpo. La compré. En la intimidad de aquella sala mientras ella se despojaba de sus escasas ropas me contaba su historia: Mi nombre es Sophie y soy una víctima de la trata de personas. Rescátame.

 

esclavitud XXI

“Las estadísticas nos hablan de que más del 80% de las prostitutas están siendo víctimas de la trata de personas”.

“Si no hubiera demanda no existiría este tráfico, no consumas, no participes en el tráfico de personas”.

30 julio, 2016

Milo y los minies 2

Filed under: Cómic e ilustración — Etiquetas: , — Juan Sauce @ 1:17 pm

Hace poco desempolvé unos personajes de cómic que realicé hace, por lo menos, una década y media, llamados los minies (nada que ver con los minnions, como ya dije en su momento). Unos personajes tan diminutos que pueden estar en cualquier parte. Forman parte del recuerdo, de mis tiempos como dibujante (algún día ya os enseñaré algo de lo que hice profesionalmente).

Presento aquí la segunda historieta, de las poquitas que realicé con la intención de que pudieran publicarse en alguna revista infantil. Buscando la originalidad en todo momento. Espero que os guste.

Milo y los minies oído

Puedes ver la anterior historieta aquí:

Milo y los minies 1

 

13 julio, 2016

Plutón, el incomprendido

Filed under: Relatos — Etiquetas: , , — Juan Sauce @ 4:59 am

plutón

 

Los chicos de hoy son muy listos. Es difícil sorprenderlos con un chiste o una adivinanza porque parece que todo lo saben. Supongo que son las consecuencias de una generación que parece haber nacido con un teclado de ordenador bajo el brazo.
Por eso creo que quise hacerme el listillo cuando estaba en el parque con mi sobrino, que cursa cuarto de primaria, al explicarle un juego de palabras que decíamos nosotros, de niños, en el colegio:
– ¿Sabes cuántos son los días de la semana?
– Siete –me contestó indiferente mientras se lanzaba de cabeza por la rampa del tobogán.
– Correcto. Son: lunes, martes, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón. Y los planetas son nueve –me apresuré a decir-: Mercurio, Venus, Tierra, Marte, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo.
El niño me miro con aire de autosuficiencia y me respondió al tiempo que trepaba al columpio para hacer cuatro piruetas de pie sobre él.
– Los planetas son ocho. ¿Y quién es Plutón?
Se me había olvidado. A alguien más listo que yo se le había ocurrido quitar a Plutón de la lista de nuestro exclusivo Sistema Solar, allá por principios de siglo. No daba la talla, creo que decían. Y es curioso que esta intrascendente conversación me transportara mentalmente a los tiempos en que yo correteaba por los patios del colegio, persiguiendo una pelota de fútbol con un bocata en la mano. Sonaba el timbre del final del recreo y todos nos poníamos en fila, preparados para entrar en clase. Enfrentábamos un nuevo curso. Rostros conocidos y desconocidos se colocaban en orden nerviosos, dejando en evidencia quiénes eran los más altos y los más bajitos. Y es curioso porque recuerdo perfectamente que, en esa imagen de todos los alumnos alineados, él estaba allí. El último de la fila. Mirada triste, atuendo extraño y rostro taciturno.
Entre risas, gritos y cambios de un pupitre a otro, a la profesora le costó poner un adecuado orden. Después procedió a pasar lista anunciando nuestros nombres en voz alta. No sé si alguien se percató cuando mencionaron su nombre. Pienso que nadie estaba atento más que para responder como un resorte cuando escucharan el suyo propio. Tuve que esforzarme para poder recordar algo más sobre ese chico. No es que me esté haciendo viejo y empiece a perder la memoria. Es que recién me estoy dando cuenta de quién era él.
Era Plutón, el ignorado. Nadie se fijó en él en ese día; y nadie se dio cuenta de su presencia hasta bien entrado el inicio de las clases. Él siempre estuvo allí, por supuesto, pero no lo percibimos. Nuestros telescopios estaban enfocados en Júpiter o Saturno, que eran los más grandes, los más fascinantes. O nos relacionábamos con los que teníamos cerca y ya conocíamos, como Venus o Marte. A él simplemente no lo veíamos. No importaba que diera vueltas como todos los demás. Pasaba inadvertido, invisible a nuestros ojos.
Era Plutón, el insultado. Cuando por fin lo descubrimos, buscamos un mote con el cual llamarle. No le preguntamos su nombre, aquel que nadie recordaba salvo la profesora. Y no se nos ocurrió otra cosa que llamarle como al señor del Inframundo, ese dios de los infiernos rescatado de la mitología romana. No sé qué fue lo que nos inspiró tal apodo; tal vez su apariencia lúgubre, su porte sombrío. O tan sólo lo hicimos para reírnos con la crueldad que caracteriza a un adolescente con las hormonas alteradas. La cuestión es que con ese calificativo se quedó y ya nadie le conocía de otra manera.
Era Plutón, el marginado. Se sentaba el último de la clase, al fondo de todo. Allí, donde todos le dábamos la espalda. Alejado del calor del maestro Sol, a quien nosotros llamábamos la atención con nuestras preguntas o nuestro comportamiento. Y alejado también de sus rayos de luz, que él no podía absorber con tanta facilidad, debido seguramente a su incapacidad natural. Arrinconado en la oscuridad y el frío, tan sólo se le veía de vez en cuando rodeado de satélites que nos parecían tan sombríos como él.
Era Plutón, el incomprendido. Nunca entendimos por qué no podía ser como nosotros. Siempre orbitando a su manera, distinto a todos, sin seguir la pauta de los demás. No se adaptaba a nuestros parámetros. Para nosotros era importante seguir una norma que considerábamos básica: tener una órbita circular, como un planeta normal. Todo lo diferente a eso era digno de ser señalado y criticado.
Era Plutón, el cuestionado. Además de su anómalo comportamiento, nos importaba también su tamaño, realmente pequeño como para triunfar. Lo llamábamos planetoide. Poseía, además, una ínfima capacidad de atracción. Por eso nos planteamos si debía seguir con nosotros, pues corríamos el riesgo de poner en peligro nuestra reputación como respetable sistema planetario dentro del competitivo mundo que es la Vía Láctea.
Y, finalmente, fue Plutón, el desechado. Arrancado de la lista, dejado fuera del grupo, ignorado y olvidado por la siguiente generación. Convertido en un extraño objeto flotante, un simple número en la galaxia. Compañero de otros vagabundos espaciales que, como él, intentan imitar los trazos de un planeta sin que ningún astrónomo realmente serio llegue a plantearse si quiera esa posibilidad.
Me pregunto qué será de él. Quizá lo calificamos mal. Posiblemente nos equivocamos al no darle una oportunidad. Al no ser suficientemente empáticos…
No pretendo con mis pensamientos parecer que estoy lanzando un grito a la comunidad científica por el hecho de establecer una determinada clasificación de un trozo de tierra que flota por el espacio, lo cual viene a importarme muy poco. Mis reflexiones tan solo llevan a preguntarme a cuántos hemos dejado atrás, no solo en la adolescencia; posiblemente también en la edad adulta. A cuántos hemos descalificado por su temperamento, su capacidad, su aspecto físico o su extravagancia… o simplemente por no parecerse a lo que la sociedad ha considerado que debe ser un verdadero planeta. Quiero decir, una persona…

3 julio, 2016

Reflexiones de un semestre de lecturas

Filed under: Cosas mías — Etiquetas: , , — Juan Sauce @ 7:06 am

libro el principito

Hemos llegado al primer semestre del 2016, una buena época para hacer balance. Y como estamos en una página literaria, me ha dado por pensar sobre libros. Y es que, desde principios de año hasta esta fecha, he podido leer nada menos que nueve libros. Bueno, diez si contamos una relectura, la de El Principito, del que me he vuelto a enamorar.

Quizá a algunos lectores empedernidos les parezca poca cosa, pero para mí es un record, sobre todo teniendo en cuenta el poco tiempo del que dispongo (leo casi exclusivamente en los viajes en tren y las salas de espera)… Así que, para quien se atreva a leerlo, dejo unas reflexiones sobre mis lecturas del semestre.

 

 

 

 

 

Para mí, el gran descubrimiento ha sido la escritora valenciana libro Emperatriz etereosLaura Gallego. Si descarto el texto de Antoine de Saint-Exupéry, que considero una obra maestra, el libro La Emperatriz de los Etéreos, ha sido el que más me ha gustado del semestre. Tanto, que tres más he leído de la misma autora: El Valle de los Lobos, La Maldición del Maestro y Finis Mundi. Pero el que más me ha gustado ha sido el primero mencionado. ¿Qué le voy a hacer? La fantasía juvenil es mi género favorito y he encontrado en esta autora una buena mezcla de imaginación y capacidad narrativa. Seguiré leyéndola.

 

 

 

 

 

 

libro comunidad anillo

Siguiendo con la fantasía, me he enfrentado a todo un clásico: J. R. R. Tolkien, con el primer tomo de El Señor de los Anillos. La Comunidad del Anillo. Posiblemente algunos se tirarán de los pelos cuando me escuchen decir que me ha sido una lectura muy difícil de completar. No por lo que cuenta, que es emocionante; pero su estilo narrativo es excesivamente lento, deteniéndose en cada detalle del paisaje, de las casas, de los objetos, de si giran a la derecha o a la izquierda en un camino que ahora es angosto, ahora tortuoso. Dicho de otro modo, pienso que lo que cuenta en diez páginas podría resumirlo en tres (pero ya no sería su estilo, claro), y todo esto ralentiza mucho la historia, en detrimento de la acción. Lo siento mucho por los fans (en realidad, no), pero dudo mucho que coja otra novela del mismo autor. Aunque me quedo con las fabulosas películas de Peter Jackson.

 

 

 

 

libro caballo y muchacho

Un buen amigo de Tolkien fue otro famoso escritor de fantasía: C. S. Lewis, autor de Las Crónicas de Narnia. Habiendo visto las tres películas, tenía curiosidad por saber cómo continuaba la historia, por eso leí El Caballo y el Muchacho. Es un relato mucho más sencillo, destinado a un público mucho más joven. La historia no está mal, es entretenida y tiene su moraleja (que es la parte que más me gusta) pero no ha acabado de agradarme su estilo, quizá porque contiene muchas situaciones tópicas de la literatura infantil (como encuentros “casuales” o encontrar escondites desde donde se enteran de todo lo que planean los “malos”, etc…) Eso, a mi opinión, no le resta mérito a la saga en su conjunto, con gran imaginación y enseñanza.

 

 

 

 

 

libro peregrino compostela Diario Mago

Otro famoso al que me he enfrentado por primera vez es Paulo Coelho, alguien que compruebo que es casi tan odiado como amado (aunque ganan más estos últimos). Queriendo formarme una opinión sobre este autor, he leído su primer libro, El Peregrino de Compostela (Diario de un Mago). Me ha parecido una lectura interesante, sin llegar a fascinarme. Pero no consigo formarme una opinión definitiva. Deseo leer El Alquimista, su novela más conocida (y uno de los libros más vendidos del mundo) para formarme una opinión más concreta.

 

 

 

 

 

 

libro libros de a

Una mención especial para Los Libros de A, de Josep Lluis Badal. Este autor catalán me ha sorprendido gratamente. Enmarcado también en la fantasía, pero esta vez infantil, nos presenta en su novela (¡su enorme novela, de más de 500 páginas!) un cuento lleno de cuentos, mil y una historias enlazadas unas con otras para contarnos una sola: la de dos muchachos que se adentran en un mundo mágico realmente sorprendente y plagado de imaginación. Debo decir que aún me falta por leer el tercer libro (los tres se presentan en un solo tomo) pero estoy deseando leerlo y conocer el final.

 

 

 

 

 

 

libro esperando mahatma

Y por último, la única obra que he leído sin ningún componente fantástico es Esperando al Mahatma, de R. K. Narayan. El autor indio nos descubre costumbres y tradiciones de su país, enmarcadas en un acontecimiento histórico sin precedentes. Supongo que por su tono realista, es una novela que también me ha costado un poco terminar. Pero debo decir que cada vez que aparecía la figura de Gandhi en la historia, acaparaba toda mi atención; y es que la personalidad del carismático político y pensador es tan atractiva que, aún en la ficción, es capaz de robar el protagonismo al personaje principal.

 

 

 

 

 

 

Y hasta aquí mis reflexiones. Aún no sé cuál es el libro al que pretendo engancharme ahora. Tengo tres candidatos: Nublares de Antonio Pérez Henares, El Mapa del Cielo de Félix J. Palma y Cristo en Mallorca de José Flores. Y también tengo empezado el primer tomo de Don Quijote de la Mancha. ¿Quién ganará? Si en otra ocasión me da por reflexionar otra vez y escribir sobre el tema, ¡Ahí que os lo cuento! Mientras tanto, seguiré leyendo con mi hija las aventuras del club de Tea Stilton y los Cuentos de Beatrix Potter.

¡Feliz segundo semestre del año!

 

 

12 junio, 2016

Transición

Filed under: Relatos — Etiquetas: , , , , — Juan Sauce @ 7:06 pm

flor cerezo

Os presento un microrrelato con el que me he presentado a un concurso. El tema había de ser la primavera. Lo que más me costó fue el título… ¿Qué tal “Transición“?

 

Sentía que acababa de nacer y sabía que, en su ausencia, pronto moriría; por eso intentó retenerla. “No temas” –le dijo ella-. “Todo tiene un propósito y nada es en vano. Mi trabajo aquí ha terminado; el tuyo, apenas comienza.” Y se fue la diosa. Y mientras la flor moría a expensas del verano, tenía lugar el fruto del árbol que perpetuaría el ciclo de la vida.

 

 

28 mayo, 2016

Milo y los minies 1

Filed under: Cómic e ilustración — Etiquetas: , — Juan Sauce @ 1:01 pm

Mucho antes de que se inventaran los minnions, yo había ideado unos personajillos llamados los minies, con los que tenía intención de probar suerte en el mundo del cómic. Lamentablemente, todo quedó en un proyecto; pero dibujé unas cuantas historietas a las que he decidido soplarles el polvo y permitirles que vean la luz, aunque solo sea a los seguidores de esta página.

Se trata de unos personajillos tan pequeños que pueden estar en cualquier parte, pero somos incapaces de verlos. La estructura en todas las historias seguía una misma pauta: descubrir, en la última viñeta, dónde estaban los minies en esta ocasión.

Esta página, mi favorita, era mi carta de presentación. Con ustedes, los minies:

Milo y los minies canicas

22 mayo, 2016

Mascarada animal

Filed under: Relatos,Sin categoría — Etiquetas: , — Juan Sauce @ 8:28 pm

De entre todos los relatos que hasta ahora he compartido en desafiosliterarios.com, este es uno de mis favoritos; y además el dibujo es mío.

máscaras teatro animales

MASCARADA ANIMAL

Ella entró con paso elegante y seductor. Los espléndidos tonos de su plumaje, de vivos azules, verdes y rojos, le otorgaban una deslumbrante belleza exótica. Lucía el envidiable aspecto de una hermosísima guacamayo de colores. A su alrededor, multitud de figuras y formas, grandes y pequeñas, fornidas y lánguidas, de todo tipo de razas y familias, llenaban el lujoso salón donde se celebraba la fiesta. Era el baile de máscaras de los animales.

Caminó con garbo acercándose a una de las mesas rebosantes de frutas, cereales y suntuosos manjares de todos los rincones del planeta. Contempló por un instante los adornos de flores y velas que decoraban el lugar mientras acariciaba suavemente una de las copas de champán dispuestas sobre el mantel. Se dio la vuelta, apoyándose sobre la mesa, y perdió su mirada entre la muchedumbre que la rodeaba risueña. No conocía a nadie; estaba sola.

Por un costado se aproximaba un labrador de pelaje marrón claro, probando de aquí y de allá los canapés y los bombones que encontraba a su paso. Ella no le prestó atención, por eso se sintió repentinamente incómoda cuando percibió que le estorbaba el paso.

-¡Oh, disculpe! –dijo el ave, apartándose para dejarle sitio. Ni siquiera le miró. Sus ojos estaban puestos en las distintas parejas que bailaban y reían juntas, a pesar de ser de especies diferentes.

El can terminó de masticar una tostada untada de fina confitura y trató de romper el hielo iniciando una conversación:

-¡Menudo ambiente!, ¿eh? Estas fiestas suelen reunir a animales de todo el mundo. Bailan, comen y ríen juntos… Creen conocerse y después acaba todo como el rosario de la aurora.

-Perdone, ¿cómo dice? –dijo ella tratando de dejar su ensimismamiento-. No acabo de comprenderle.

-Me refiero a ellos –respondió él, señalando a las diferentes parejas que bailaban a su alrededor-. Parece mentira que todos se olviden de algo tan básico como que nos encontramos en un baile de máscaras. Quiero decir que en el exterior tienen la apariencia de ser un espléndido animal, pero por dentro se encuentra otro muy distinto. Parece que ya nadie recuerda la historia del lobo que se vistió de oveja para ofrecerse un buen festín. Qué olvidadizos nos volvemos cuando queremos.

-¿Qué pretende usted decirme? ¿Que no puedo fiarme de nadie?

-No hablo de todos, por supuesto. Pero hay quien aprovecha su disfraz para atrapar a cualquier incauto. Otros, al contrario, esconden tras la máscara sus defectos, los mismos que saldrán a flote cuando las cosas se vuelvan difíciles…

-Y, por supuesto –dijo ella haciendo una mueca que simulaba una sonrisa-, usted es un experto en detectarlos para que nadie pueda pillarle desprevenido…

El perro se inclinó hacia el ave para tener el mismo ángulo de visión y extendió su brazo señalando a una de las parejas que se movían al armonioso compás de la música.

-Mire: ¿ve a ese simpático oso bailando tan gentilmente con una gacela?

Ella observó con atención a un enorme y regordete panda.

-Observe bien. En realidad es una boa constrictor. ¿Se da cuenta de lo que significa? ¡Cons-tric-tor! ¡Qué irónico! –rió-. Imagínese qué sorpresa se llevará ella cuando él quiera darle un “abrazo de oso”…

Efectivamente, por la parte de atrás de su disfraz, pudo observar que sobresalía una cola escamosa de manchas marrones que le identificaban con el reptil mencionado.

-¡Es horrible! –dijo ella.

-Sí; pero intente advertir a la gacela y recibirá una cornada de sus falsos cuernos. Muy raras veces quieren escuchar los consejos en ocasiones como estas. Y mire aquella pareja de allá –el perro señaló a una atractiva conejita tomando unas copas con un animado gallo-. Yo, en su lugar, me lo pensaría dos veces. Ese animal no sabe que está coqueteando con una araña viuda negra.

-¡Qué horror! ¿Es siempre así de terrible?

-No, no; hay casos más divertidos… ¿Ve a ese guepardo de ahí? Ella se ha fijado en él porque necesita a alguien que sea rápido y despierto, ya que se trata de una siempre ocupada hormiga. Pero no se ha dado cuenta de que está hablando con un perezoso… Y él solo ha visto de ella su disfraz de ruiseñor; seguro que espera que le cante nanas a la luz de la luna… ¡Lo lleva claro! Lo que le cantará será las cuarenta, cuando llegue la ocasión.

-¡Es asombroso! ¡Nunca lo hubiera pensado…!

Y juntos rieron mientras él le señalaba al cobarde ratón disfrazado de león flamante, a la indomable pantera vestida como una doméstica gallina, a un aparente búho, tras el cual se ocultaba un cegato topo, y a la hermosa y coqueta mariposa que escondía el lúgubre y tacaño rostro de una vieja urraca.

Se lo estaban pasando estupendamente cuando ella interrumpió su resuelta conversación.

-Bien, me has convencido –dijo-. Creo que tienes razón. Ya sé lo que debo hacer.

Todavía riendo, el labrador parecía no entender lo que quería decirle. La guacamayo procedió entonces a quitarse el disfraz y apareció en su lugar una sencilla y común paloma. Por un momento permaneció atónito. Después mostró una expresión de alivio.

-Ah, bien… Bueno, me alegro; no hubiera sido capaz de estar a la altura de… -carraspeó nervioso-. Parecías demasiado sofisticada. Mejor así.

Ella le miró profundamente y le hizo un gesto con su cabeza. Lo comprendió; era su turno.

-De acuerdo. No te sorprendas… Lo cierto es que no estoy acostumbrado…

El perro se quitó su máscara para dar lugar al rostro de un estrafalario ornitorrinco.

-Bueno… Ya sabes –dijo haciendo un esfuerzo por levantar la mirada-; no me gusta que me identifiquen como un animal… raro.

-Yo iba a decir… interesante –dijo la paloma.

Ambos sonrieron. Se acercaron a la mesa y tomaron un par de copas de champán, levantándolas para hacer un brindis.

-Ahora podemos empezar a conocernos.

 

15 mayo, 2016

LA ESCALERA DE PENROSE y algo sobre el origen de este relato

Filed under: Relatos — Etiquetas: , , , — Juan Sauce @ 8:00 pm

Esta historia parece que ha tenido buena acogida. La podéis encontrar en desafiosliterarios.com, en mi sección “Con moraleja” ( http://desafiosliterarios.com/category/columnas/con-moraleja-por-el-sauce/ ),  junto con otros relatos de mi autoría (¡en serio, pasaros por allí!). Se me ocurrió y la compuse en tan solo tres días, mientras presentaba décimas de fiebre, una gastrointeritis de cuidado y agotado por causa de una situación de estrés laboral. Así que puedo decir que salió literalmente de las entrañas. No me suele pasar, fue una sensación rara; tenía que contarla y tenía que hacerlo inmediatamente. No estaba muy seguro de que hubiera quedado con un resultado adecuado pero he podido percibir que ha gustado mucho. Aunque espero no tener que encontrarme así de mal para seguir contando buenas historias.

Para quienes ya la han leído, y para quienes no, aquí la dejo de nuevo:

escalera infinita

LA ESCALERA DE PENROSE

Me encontré subiendo unas escaleras que parecían no acabarse nunca. Me sentía fatigado, pero persistía en mi empeño. Mis ojos se fijaron, no sé por qué, en un escalón concreto; no lo veía distinto a los demás, pero allí fue a parar mi mirada hasta que pasé de largo. Giré una esquina de noventa grados. Las escaleras continuaban. Giré de nuevo. Y otra vez. Y otra. Y ahí, mi vista se posó sobre el mismo escalón. No tenía ninguna grieta, ni mancha, ni nada que lo diferenciara de los demás pero, de alguna manera, yo sabía que era el mismo. Ya había pasado antes por allí.

Entonces levanté mi mirada de los peldaños. Me di cuenta que, desde que subía, no había dirigido mi vista hacia ningún otro sitio. En mi universo alternativo, pude ver a mi derecha una escalera flotando. Tenía cuatro esquinas, de tal manera que la escalera enlazaba consigo misma y producía un efecto insólito: quien subiera o bajara por ella no encontraría nunca su final. Escalera imposible, o escalera de Penrose, es como la llaman.

La escalera era majestuosa, construida del mármol más fino. Sus barandillas eran doradas y llenas de ornamentos. Por ella subía un hombre anciano a tres patas; quiero decir, que usaba un bastón para apoyarse. Intrigado, quise saber cuál era ese misterio y grité al hombre:

-¿Quién eres tú?

-Yo soy la memoria, la memoria histórica.

Para mi sorpresa, no fue el hombre el que respondió, sino la escalera, oyéndose su voz dentro de mi cabeza. Superada la sorpresa inicial, pregunté:

-¿Y quién es ese hombre? ¿Por qué sube y sube sin parar, pasando siempre por el mismo sitio?

-La humanidad tiene la capacidad de trazar su propio rumbo, pero cuando no es capaz de recordar su propia historia, está obligada a repetirla.

Abrumado por ese pensamiento filosófico, sobre el cual no quise entrar en discusión, miré un poco más a mi derecha y vi otra de esas extrañas escaleras infinitas, hecha de un material más común; parecía la de un bloque de pisos de uno de los barrios viejos de la ciudad. La persona que la subía, hacía un tremendo esfuerzo, pues a cada paso que daba, una anilla de hierro se unía a sus pies, de tal manera que arrastraba una cadena cada vez más larga.

-¿Y tú quién eres? –pregunté esperando recibir la contestación también en mi cabeza.

-Yo soy el pensamiento negativo. Hay quien me llama preocupación.

-¿Y por qué atormentas a ese pobre hombre?

-Este ser tiene la capacidad de salir por sí mismo de aquí. Tan solo debiera de dejar de dar vueltas al mismo pensamiento y cambiar de dirección. Entonces aparecería una nueva escalera que le llevaría a otro sitio.

-Eres cruel –contesté-. Le pones cadenas en los pies para que no pueda avanzar.

-No has visto nada –rió con sorna-. Aún no ha llegado al estado de depresión. Allí recibirá cadenas aún mayores y un grillete. Y le será más difícil encontrar un camino alternativo.

Asustado, decidí apartar mi mirada de esa siniestra escalinata y me volví hacia mi izquierda. Allí flotaba otra escalera de Penrose que, de haber tenido cara, hubiera sido un rostro maquiavélico; así la percibía. En sus peldaños, un hombre joven no subía, sino bajaba, a ratos tranquilo, a ratos frenético; y a cada momento tropezaba y se daba de trompicones contra la escalinata. Su rostro era una mezcla de alivio y desesperación. Pregunté también qué era aquello.

-Soy la adicción –respondió-. Quien por mí transita está condenado a bajar siempre las mismas escaleras, quiera o no quiera. Nadie puede escapar de mí.

-¿No puede salir de ninguna manera? –pregunté.

-Para ello tendría primero que reconocer su problema. Y después pedir ayuda. Pero la vergüenza y la desesperanza me dan fuerzas para mantenerlo retenido. ¡Es mío!

Y soltó una escalofriante carcajada. Miré una vez más y vi otra escalera imposible, esta vez hecha de papel. Me hizo gracia, porque por ella subía un hombre regordete y no sabía cómo podía soportar su peso.

-Soy la creatividad –me dijo-. Este pobre guionista se ha quedado atrapado en un fragmento de su historia y no sabe cómo hacerla avanzar. Pero si tan solo me arrugara, me tirara y comenzara de nuevo, encontraría una nueva versión que revitalizaría la historia. Pero el miedo a perder lo que ya ha hecho, no le permite volver atrás, aunque sepa que tiene que cambiarlo.

Habían más escaleras de esas flotando por el espacio, de las más variadas formas y con los más variopintos personajes subiendo o bajando por ellas. Una de ellas me preguntó a mí, porque escuché su voz que decía dentro de mi cabeza:

-¿Y tú quién eres? ¿Por qué subes esa escalera sin parar, pasando siempre por el mismo escalón?

Sabía la respuesta. Pero en el momento en que iba a contestar, escuché un lejano pitido intermitente, como de un despertador. La misma voz volvió a resonar en mi cabeza, diciendo:

-Tenemos que irnos.

Entonces el conformista despertó y decidió cambiar de rumbo para comenzar a perseguir sus propios sueños ya olvidados. El que estaba atrapado en su mentira despertó y confesó la verdad que le hizo libre de seguir fingiendo. El inventor despertó y activó su cerebro para descubrir una nueva tecnología que mejorara lo que otros decían que era inmejorable. La mujer abusada despertó y tomó la conciencia de que algo debía hacer para salir de la prisión a la que la tenía sometida su maltratador. El niño despertó y descubrió que podía conseguir aquellas cosas que unos padres insensibles le habían dicho que jamás lograría alcanzar.

Desperté. Era sábado, casi las diez de la mañana. Me sentía agotado. Mi mujer y los niños ya se habían levantado. Había sido una semana muy dura en el trabajo, con mucha presión y agobiante rutina. Miré a mi alrededor. Desde mi lugar podía ver el mismo suelo que barrer, la misma ropa que doblar, los mismos muebles que limpiar… Me levanté y dije a mi esposa:

-Querida, ¿por qué no salimos a pasear? Comamos fuera. No importa dónde.

-Pero, ¿y el dinero? –respondió-. Ya sabes cómo vamos.

-Solo por un día. ¿Hace cuánto tiempo que no tomamos vacaciones? No hace falta ir a un sitio caro. Llevemos comida de aquí si es necesario. ¿Acaso no necesitas tú también un descanso? ¿Acaso los niños no merecen hacer algo distinto de vez en cuando?

Y al momento hicimos los preparativos, metimos a los niños en el coche y salimos zumbando, sin una dirección determinada. Conduje con el único propósito de alejarme, aunque solo fuera un día, de mi escalera de Penrose.

8 mayo, 2016

Cómic del conejo y la ardilla

Filed under: Cómic e ilustración — Etiquetas: , , — Juan Sauce @ 2:21 pm

Uno de mis hobbies, aparte de escribir, es dibujar; aunque hace ya un tiempo que lo tengo un tanto olvidado. Pero conservo un buen material que me gustaría ir mostrando poco a poco.

Para empezar, aquí dejo este cómic que le dibujé a una niña de siete años a la que le encantaban los conejos. Me pidió que le dibujara uno… y “salió” esto. Corría, como se puede ver en la firma, el año 1999…

comic conejo y ardilla

27 enero, 2016

¡Hola mundo!

Filed under: Sin categoría — Juan Sauce @ 8:37 am

Saludos desde este lado del ciberespacio.

Me presento como un candidato a escribiente y narrador de historias en general. De momento diré que puedes seguir mis relatos en la página desafiosliterarios.com. En la sección “Con moraleja” encontrarás mi aportación semanal en el extraordinario mundo de la literatura, aunque si quieres leer algunos cuentos más, puedes dirigirte a desafiosliterarios.com/author/elsauce y disfrutar allí de un material más completo.

Esta otra, que espero en el futuro transformar en mi página personal, será de momento un campo de pruebas donde estaré subiendo relatos y otros asuntos de interés (al menos de mi interés) mientras aprendo el complejo arte de manejar los entresijos de internet. No os quepa duda de que acabaré consiguiéndolo. Mientras tanto, agradezco vuestra paciencia.

Un saludo con enorme agradecimiento a quien se atreva a curiosear.

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