Juan Sauce Otro blog en Desafíos Literarios

18 septiembre, 2016

Las vacaciones, Por Mati

Filed under: Compañeros de letras — Juan Sauce @ 8:24 pm

Deseo comenzar una nueva sección en la que presentar relatos de otros autores, compañeros de letras, que también escriben en desafiosliterarios.com y de los cuales he aprendido y aprendo mucho. Mi intención es presentar una historia de diferente autor de tanto en tanto.

Y para empezar, quiero hacerlo con la persona que me ha metido en este lío: Mati, una mujer valiente, un alma solidaria y un corazón maravilloso como comrobaréis si leéis sus escritos. Hacedlo, vale la pena. Clickeando en su nombre podréis leer más relatos suyos. Sin más preámbulos, Las vacaciones, de Mati Sanchis.

 

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Las vacaciones

Quería pasar las vacaciones de mi vida, las más grandiosas y estupendas, de esas con las que luego pudiera disfrutar a tope contándoselas a mis amigotes y alardear de mis hazañas. Anhelaba viajar a un lugar exótico y ligar con los pivones más exuberantes del país, tener noches  apasionadas, ardientes, y fanfarronear con mis colegas de todas mis conquistas de playboy irresistible. Siempre tuve curiosidad por experimentar un turismo diferente con ingredientes solo aptos para adultos. No recuerdo de quien recibí la información sobre estos viajes y esas experiencias únicas que quizá solo se ofrezcan una vez en la vida. Pero esa idea se coló en mi mente con una fuerza brutal y empecé a obsesionarme con ella. Pasaba las noches en vela imaginando como sería el momento. Subir al avión, sonreír a las azafatas, beber durante el vuelo como antesala de lo porvenir, coger el taxi que me llevara al lujoso hotel, flirtear con las recepcionistas… un sinfín de imágenes llenaban mi mente y me robaban el descanso nocturno. Llegué a soñar despierto con cada detalle, desde el sabor de la comida del restaurante del aeropuerto, hasta el olor del cabello de mi deseada o el color de sus ojos y la suavidad de su piel. Mi mente se enajenó con el deseo de encontrar a la mejor profesional que me hiciera el tío más feliz de la tierra.  La sorpresa llegó en mi cumpleaños cuando al final del día, en el momento en el que pensé que nadie se había acordado de mí, justo a punto de expirar la jornada, aparecieron mis compañeros de correrías, y junto con una botella de cava, abierta, y faltando la mitad del contenido, me hicieron entrega de mi regalo. Era un sobre cuidadosamente cerrado y recubierto de felicitaciones de mis colegas. Mis amigos, que son algo sueltos de lengua y unos burros de mucho “cuidao”, lo habían llenado de inscripciones que no voy a repetir porque parecían los escritos de la puerta de un váter de gasolinera. No tenía muchas expectativas en cuanto al contenido del sobre, y más conociendo a aquella pandilla de descerebrados que llevaban unas copas de más, pero me hice el interesante abriéndolo con pompa y parsimonia. Aluciné pepinillos al descubrir lo que encerraba aquella carta cubierta de vulgaridades y dibujos groseros. Era el boleto para el viaje de mis sueños, ese que os contaba de turismo sexual, y un subidón de adrenalina me hizo abrazar a la peña, cosa que nunca hacía porque el contacto con otros tíos no es mi preferencia. Conseguí disimular una lagrimilla que amenazaba con escaparse y salvé el tipo de tío duro. El viaje estaba programado para la siguiente semana, cosa que me daba tiempo de hacer los preparativos necesarios. Después de comprar lo preciso, de dejar instrucciones para que me cuidaran el perro y recogieran mi correo, me dirigí a mi destino: Tailandia.

Mi llegada a Bangkok estuvo marcada por los contrastes y el desconcierto. Allí convivía el lujo obsceno con la miseria encarnizada. Yo no quería apartarme de mi propósito y cerraba mis ojos a muchas aberraciones que comencé a ver. Con la fijación de mis objetivos muy claros, fui a la caza de mi princesita de la calle. Sin darme demasiada cuenta mis emociones estaban cambiando, mi gran excitación de depredador se estaba mermando sin saber demasiado a qué se debía, o quizá si sabía. La visión de niñas semi desnudas, disfrazadas de mujeres adultas, burdamente maquilladas para parecer más mayores y atractivas no me resultó atrayente. Caminé buscando a la elegida, mirando el espectáculo de caritas suplicantes, que no descifraba bien qué suplicaban. Hasta que la encontré a ella, no era la más bonita, ni la más alta ni llamativa, pero para mis ojos fue la más tierna y vulnerable. Un extraño estremecimiento recorrió mi cuerpo. La compré. En la intimidad de aquella sala mientras ella se despojaba de sus escasas ropas me contaba su historia: Mi nombre es Sophie y soy una víctima de la trata de personas. Rescátame.

 

esclavitud XXI

“Las estadísticas nos hablan de que más del 80% de las prostitutas están siendo víctimas de la trata de personas”.

“Si no hubiera demanda no existiría este tráfico, no consumas, no participes en el tráfico de personas”.

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