Juan Sauce Otro blog en Desafíos Literarios

15 mayo, 2016

LA ESCALERA DE PENROSE y algo sobre el origen de este relato

Filed under: Relatos — Etiquetas: , , , — Juan Sauce @ 8:00 pm

Esta historia parece que ha tenido buena acogida. La podéis encontrar en desafiosliterarios.com, en mi sección “Con moraleja” ( http://desafiosliterarios.com/category/columnas/con-moraleja-por-el-sauce/ ),  junto con otros relatos de mi autoría (¡en serio, pasaros por allí!). Se me ocurrió y la compuse en tan solo tres días, mientras presentaba décimas de fiebre, una gastrointeritis de cuidado y agotado por causa de una situación de estrés laboral. Así que puedo decir que salió literalmente de las entrañas. No me suele pasar, fue una sensación rara; tenía que contarla y tenía que hacerlo inmediatamente. No estaba muy seguro de que hubiera quedado con un resultado adecuado pero he podido percibir que ha gustado mucho. Aunque espero no tener que encontrarme así de mal para seguir contando buenas historias.

Para quienes ya la han leído, y para quienes no, aquí la dejo de nuevo:

escalera infinita

LA ESCALERA DE PENROSE

Me encontré subiendo unas escaleras que parecían no acabarse nunca. Me sentía fatigado, pero persistía en mi empeño. Mis ojos se fijaron, no sé por qué, en un escalón concreto; no lo veía distinto a los demás, pero allí fue a parar mi mirada hasta que pasé de largo. Giré una esquina de noventa grados. Las escaleras continuaban. Giré de nuevo. Y otra vez. Y otra. Y ahí, mi vista se posó sobre el mismo escalón. No tenía ninguna grieta, ni mancha, ni nada que lo diferenciara de los demás pero, de alguna manera, yo sabía que era el mismo. Ya había pasado antes por allí.

Entonces levanté mi mirada de los peldaños. Me di cuenta que, desde que subía, no había dirigido mi vista hacia ningún otro sitio. En mi universo alternativo, pude ver a mi derecha una escalera flotando. Tenía cuatro esquinas, de tal manera que la escalera enlazaba consigo misma y producía un efecto insólito: quien subiera o bajara por ella no encontraría nunca su final. Escalera imposible, o escalera de Penrose, es como la llaman.

La escalera era majestuosa, construida del mármol más fino. Sus barandillas eran doradas y llenas de ornamentos. Por ella subía un hombre anciano a tres patas; quiero decir, que usaba un bastón para apoyarse. Intrigado, quise saber cuál era ese misterio y grité al hombre:

-¿Quién eres tú?

-Yo soy la memoria, la memoria histórica.

Para mi sorpresa, no fue el hombre el que respondió, sino la escalera, oyéndose su voz dentro de mi cabeza. Superada la sorpresa inicial, pregunté:

-¿Y quién es ese hombre? ¿Por qué sube y sube sin parar, pasando siempre por el mismo sitio?

-La humanidad tiene la capacidad de trazar su propio rumbo, pero cuando no es capaz de recordar su propia historia, está obligada a repetirla.

Abrumado por ese pensamiento filosófico, sobre el cual no quise entrar en discusión, miré un poco más a mi derecha y vi otra de esas extrañas escaleras infinitas, hecha de un material más común; parecía la de un bloque de pisos de uno de los barrios viejos de la ciudad. La persona que la subía, hacía un tremendo esfuerzo, pues a cada paso que daba, una anilla de hierro se unía a sus pies, de tal manera que arrastraba una cadena cada vez más larga.

-¿Y tú quién eres? –pregunté esperando recibir la contestación también en mi cabeza.

-Yo soy el pensamiento negativo. Hay quien me llama preocupación.

-¿Y por qué atormentas a ese pobre hombre?

-Este ser tiene la capacidad de salir por sí mismo de aquí. Tan solo debiera de dejar de dar vueltas al mismo pensamiento y cambiar de dirección. Entonces aparecería una nueva escalera que le llevaría a otro sitio.

-Eres cruel –contesté-. Le pones cadenas en los pies para que no pueda avanzar.

-No has visto nada –rió con sorna-. Aún no ha llegado al estado de depresión. Allí recibirá cadenas aún mayores y un grillete. Y le será más difícil encontrar un camino alternativo.

Asustado, decidí apartar mi mirada de esa siniestra escalinata y me volví hacia mi izquierda. Allí flotaba otra escalera de Penrose que, de haber tenido cara, hubiera sido un rostro maquiavélico; así la percibía. En sus peldaños, un hombre joven no subía, sino bajaba, a ratos tranquilo, a ratos frenético; y a cada momento tropezaba y se daba de trompicones contra la escalinata. Su rostro era una mezcla de alivio y desesperación. Pregunté también qué era aquello.

-Soy la adicción –respondió-. Quien por mí transita está condenado a bajar siempre las mismas escaleras, quiera o no quiera. Nadie puede escapar de mí.

-¿No puede salir de ninguna manera? –pregunté.

-Para ello tendría primero que reconocer su problema. Y después pedir ayuda. Pero la vergüenza y la desesperanza me dan fuerzas para mantenerlo retenido. ¡Es mío!

Y soltó una escalofriante carcajada. Miré una vez más y vi otra escalera imposible, esta vez hecha de papel. Me hizo gracia, porque por ella subía un hombre regordete y no sabía cómo podía soportar su peso.

-Soy la creatividad –me dijo-. Este pobre guionista se ha quedado atrapado en un fragmento de su historia y no sabe cómo hacerla avanzar. Pero si tan solo me arrugara, me tirara y comenzara de nuevo, encontraría una nueva versión que revitalizaría la historia. Pero el miedo a perder lo que ya ha hecho, no le permite volver atrás, aunque sepa que tiene que cambiarlo.

Habían más escaleras de esas flotando por el espacio, de las más variadas formas y con los más variopintos personajes subiendo o bajando por ellas. Una de ellas me preguntó a mí, porque escuché su voz que decía dentro de mi cabeza:

-¿Y tú quién eres? ¿Por qué subes esa escalera sin parar, pasando siempre por el mismo escalón?

Sabía la respuesta. Pero en el momento en que iba a contestar, escuché un lejano pitido intermitente, como de un despertador. La misma voz volvió a resonar en mi cabeza, diciendo:

-Tenemos que irnos.

Entonces el conformista despertó y decidió cambiar de rumbo para comenzar a perseguir sus propios sueños ya olvidados. El que estaba atrapado en su mentira despertó y confesó la verdad que le hizo libre de seguir fingiendo. El inventor despertó y activó su cerebro para descubrir una nueva tecnología que mejorara lo que otros decían que era inmejorable. La mujer abusada despertó y tomó la conciencia de que algo debía hacer para salir de la prisión a la que la tenía sometida su maltratador. El niño despertó y descubrió que podía conseguir aquellas cosas que unos padres insensibles le habían dicho que jamás lograría alcanzar.

Desperté. Era sábado, casi las diez de la mañana. Me sentía agotado. Mi mujer y los niños ya se habían levantado. Había sido una semana muy dura en el trabajo, con mucha presión y agobiante rutina. Miré a mi alrededor. Desde mi lugar podía ver el mismo suelo que barrer, la misma ropa que doblar, los mismos muebles que limpiar… Me levanté y dije a mi esposa:

-Querida, ¿por qué no salimos a pasear? Comamos fuera. No importa dónde.

-Pero, ¿y el dinero? –respondió-. Ya sabes cómo vamos.

-Solo por un día. ¿Hace cuánto tiempo que no tomamos vacaciones? No hace falta ir a un sitio caro. Llevemos comida de aquí si es necesario. ¿Acaso no necesitas tú también un descanso? ¿Acaso los niños no merecen hacer algo distinto de vez en cuando?

Y al momento hicimos los preparativos, metimos a los niños en el coche y salimos zumbando, sin una dirección determinada. Conduje con el único propósito de alejarme, aunque solo fuera un día, de mi escalera de Penrose.

2 Comments »

  1. Tantas escaleras de Penrose en las que nos metemos sin darnos cuenta, casi podrían ser circulares, pero si fueran de caracol marearían y tenderíamos a salir. Penrose siempre tiene un plan siniestro para mantenernos ahí. Me gusta como escribes Juan.

    Comentario by Mercedes E.M. — 15 mayo, 2016 @ 8:15 pm

  2. Juan Sauce

    Me parece que la escalera de Penrose no puede ser redonda (o circular) porque el engaño óptico consiste en una falsa perspectiva, para lo que se necesitan ángulos. Pero como dices, al final se trata de un plan siniestro para mantenernos atrapados que seguramente no ideó Penrose, sino nuestro malvado y maquiavélico cerebro… Por eso es necesario combatirlo con sus propias armas y activarlo para salir…
    Gracias por el comentario, Mercedes.

    Comentario by Juan Sauce — 22 mayo, 2016 @ 9:27 pm

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